Sobre una película documental de Mies Van der Rohe



Escribir un texto sobre un documental acerca de la arquitectura de Mies Vander Rohe, basado en el video que duró una hora y 10 minutos, es tratar de escribir sobre 60 años y 70 edificios de muchos niveles bañados de luz y ventilados, espacios vivos, esto en 20 minutos que quedan para hacer la entrega puede parecer difícil.
Empezaría escribiendo que es uno de los arquitectos más reconocidos e influyentes del modernismo, la geometría de sus espacios, la sobriedad con que ha resuelto las obras, que son motivo de orgullo y estudio hasta estos días del posmodernismo, ya es decir algo.
Como mencionan en el documental, que es una verguenza que en Nueva York que es la ciudad de los rascacielos, sólo haya un edificio de él. Siendo que en Chicago se cuentan por docenas.
En arquitecto contruyó las oficinas de Bacardí en el área metropolitana de la Ciudad de México entre 1957 y 1961, la obra tiene su sello, la forma resuelta con elegancia, las columnas soportando el entrepiso volado, las vidrieras verticales y el metal aparente, así como el respeto al espacio urbano y su integración al entorno, mismo que le valió el reconocimiento y la aceptación de los neoyorquinos en el edificio Seagram que realizó en colaboración del arquitecto Philip Johnson, quien construyó la catedral de Crsital en California.
Pensar en Van der  Rohe, a parte de la arquitectura, me vienen a la mente las imágenes que circulan por la red que son ya clásicas, sentado con su puro humenante y seguramente proyectando espacios, o el famoso pabellón Alemán para la exposición de Barcelona en 1929.
Pero me llamó mucho la atención un pasaje del documental donde el nieto del maestro modernista dice que lo acompañó cierta vez en un fin de semana que se la pasó sentado haciendo “nada”, a lo que el dijo que no era que no estuviera haciendo nada, si no que estaba trabajando.
Y se comprende que al igual que Mozart y otros artistas que su ‘maniera’ (como dirían los italianos) es tener el proyecto en la mente y modelarlo en la imaginación y una vez resuelto el problema espacial, plasmarlo en un boceto, o tantos bocetos como ideas que descartar, logrando así agotar todas las combinaciones posibles y así obtener lla mejor idea para una obra.
Podría estar aquí escribiendo tanta cosa que se me venga a la mente al repasar los capítulos del documental, investigar en la red más detalles sobre la vida y obra de este gran arquitecto, tan dedicado a su trabajo, pero el tiempo, mi enemigo personal número uno, me marca las tres, hora de mi clase de análisis y concepto arquitectónico, donde tengo que entregar este texto.
Así que por el momento, guardaré a Mies Van der Rohe y abriré mi bitácora y hasta la próxima.